El diamante es uno de los alotropos del carbono (el más común es el grafito). La densidad del diamante es de 3,5 g/cm³. Es, en la actualidad, la joya más preciada en el mundo.
La explotación de mantos diamantíferos constituye un firme renglón para la minería y, finalmente, la venta de estas gemas constituye una fuente muy importante de ingresos.
La dureza del diamante es tal, que sobre él se basa la escala de dureza de Mohs, asignándole el máximo posible, diez.
Su dureza se debe a sus enlaces carbono-carbono, químicamente muy estables, y a su disposición en la estructura: forma una pirámide perfecta, donde si se colocan cualquiera de sus lados como base, pueden contarse los átomos de carbono por capas. Teniendo la primera uno, la segunda cuatro, la tercera nueve y la cuarta dieciséis, lo que hace una sucesión de cuadrados 12, 22, 32 y 42.
La importancia del diamante no sólo se cifra en su reconocida belleza, sino también en su gran utilidad en la industria debido a su gran dureza. Baste decir que, sin el diamante, muchas actividades industriales estarían seriamente limitadas.
Desde hace miles de años, el diamante ha figurado entre las piedras preciosas preferidas por el ser humano. Fueron las civilizaciones orientales las primeras en conocer esta gema. India (su primer y más vasto productor) dio al mundo algunos de los El diamante llegó a Europa, muy posiblemente, en el tercer siglo antes de nuestra era, quizás como consecuencia de los viajes de Alejandro Magno, que provocaron un enorme intercambio entre los puertos del Mar Rojo y los de la Costa de Malabar, en la India.
El proceso de extracción es también muy diverso, ya que depende de la región en la que el diamante se explote. Pero, por lo general, las operaciones de laboreo se dividen en tres partes: eliminación del estéril (tierra y piedra que cubre la arena diamantífera), extracción y lavado.
Debido a que el laboreo de estas minas es muy costoso (de cada diez toneladas de mena, sólo se extrae un quilate de diamante) las compañías únicamente invierten en aquellas zonas que les garanticen una vasta producción. Por lo general, extensos kilómetros de terreno son excavados para obtener una gema de tamaño apreciable. Esto explica por qué el diamante tiene tan alto precio en el mercado.
Un diamante cautiva por sus destellos. La belleza de su resplandor se debe a que posee un alto índice de refracción de la luz y un gran poder dispersivo: al penetrar, los rayos de luz sufren innumerables reflexiones interiores y la luz blanca se dispersa, regresando al exterior convertida en un abanico de múltiples colores. Los diamantes y las gotas de agua funcionan como prismas, al frenar, en mayor o en menor grado, las longitudes de onda (violeta al máximo, rojo al mínimo), haciendo que los colores se extiendan en forma de arco iris.
El grado de la belleza del iris del diamante depende, en gran medida, del tallado y pulido de la pieza. Aunque naturalmente los diamantes tienen sus propios destellos, éstos pueden ser mejorados y multiplicados bajo la mano paciente de un lapidario experto.
Por su extrema dureza, el diamante sólo puede pulirse con otro diamante. Por eso, en el tallado y pulido de la piedra uno de los elementos más importantes es el diamante mismo.
Antes de proceder a cortar, se examina la gema para determinar sus planos de crucero. Luego se traza sobre ella una línea que marque el perímetro de dichos planos. Sobre éste se hace una pequeña ranura con una especie de palo que lleva en su extremo una arista de diamante. Por esa abertura se introduce una finísima hoja de acero, se le da un golpe seco y la piedra se parte en dos.
Para el tallado, los lapidarios usan sierras circulares de fósforo sobre cuyo filo se pone polvo de diamante mezclado con aceite de oliva, tantas veces como dure la operación (que, en ocasiones, se prolonga durante días, dependiendo del tamaño y dureza de la gema.)
Pero no todos los diamantes son útiles para joyería. Cualquier defecto puede restarles valor y entonces sólo tienen aplicación industrial. Generalmente esto sucede con aquéllos que presentan en su interior burbujas o partículas extrañas (máculas), o bien, con los que están irregularmente formados o pobremente coloreados.




